El factor X de los judíos

Diario El País

Tranquilos, todos quietos. Que no se asuste Maruja Torres ni toda la corte de martillos de herejes israelíes que habitan por las esquinas del dogmatismo progre. Este artículo no va de Oriente Próximo, quizá porque el verano, a pesar de sus negras noticias, se resiste a abandonar las buenas intenciones. Además, la persistente lógica perversa de la maldad terrorista cae por su propio peso, más allá de los intentos que algunos tienen de demonizar todo lo que huele a occidental, y perdonar paternalmente lo que se cuece en las montañas donde cabalgan los nuevos Almanzor. En todo este denso y complejo conflicto entre una ideología nihilista totalitaria, con vocación imperial, y el código ético-político de la modernidad, los hay que son tan antioccidentales, que acaban siendo antimodernos. Y por modernidad entiendo los valores históricos que han cuajado en un modelo de sociedad libre. Por decirlo con un símil de propia cosecha que me resulta simpático: los hay que ven a un cura católico y les sale un sarpullido, pero ven a un imán en las montañas del Líbano, y tienen un orgasmo. Imagínense la histeria si ven a un rabino…

Decía que el artículo iba de otra cosa. El pasado jueves, en ese edificio mágico de Puig i Cadafalch que hoy alberga la Casa Asia, vivimos una extraña y feliz tarde de verano. El profesor de ciencia política Xavier Torrens y Jaime Huberman, portavoz de la comunidad judía Bet Shalom de Cataluña, nos invitaron a reflexionar sobre el «factor X de los judíos», quizá inspirados por ese estimulante programa musical que triunfa en Cuatro. ¿Qué factor cultural, religioso, histórico, incluso hasta genético podría explicar las sorprendentes cifras que rodean a los innumerables escritores, pensadores, directores de cine, músicos, creadores de todo tipo que han surgido del pueblo judío? Que un grupo humano que representa menos del 0,2% de la población mundial haya dado a la humanidad más del 20% de los premios Nobel, entre ellos algunos de los últimos, está fuera de toda estadística y, seguramente, de toda lógica. Claves en la literatura mundial, con algunos hitos en el siglo XX que marcaron a fuego a generaciones enteras -con Marcel Proust a la cabeza-, también ha sido la aportación judía la que ha sentado las bases del pensamiento moderno. El chiste lo resume de forma magnífica: un día, un judío se subió a la montaña y, al bajar, aseguró: «Dios es la verdad, y la verdad está en la ley». Se llamaba Moisés. Siglos después, otro judío aseveró: «La verdad es Dios, y Dios es amor». Se llamaba Jesús. Luego apareció otro que, sin amor divino, aseguró que la verdad era el dinero. Era un tal Karl Marx. Después llegó Freud y situó la verdad algo más abajo del bolsillo, en la zona crucial de la entrepierna. Y, para acabar el círculo, apareció el judío Einstein y lo barrió todo: «La verdad es relativa». Nada de la filosofía, la matemática, la física, la medicina, la literatura, la música, nada relevante en el terreno del pensamiento, la ciencia y la creación se puede explicar sin la extraordinaria aportación del pueblo judío. Y siempre fueron muy pocos. Y siempre fueron perseguidos como ratas.

¿Factor X? Ahí estuvimos, en una sala repleta, con gentes por pasillos y suelos improvisados como sillas, intentando dar respuesta a un particular enigma. El historiador Joan Culla analizó la aportación política, Xavier Torrens se atrevió con la creatividad, Vicenç Villatoro con la literatura, yo apuré algunas ideas sobre la aportación al pensamiento, el rabino Ariel Edery lidió con la superación en la adversidad y, con la ayuda de Jaime Huberman, que nos acogió en ese espacio de libertad y cultura que es la gente de Bet Shalom, salieron algunas ideas presentables. Este es el aperitivo de una reflexión colectiva apasionante y, seguramente, imposible. El factor no es genético. En el pueblo judío hay de todo, como en todas las boticas, desde cerebros brillantes a gente de limitada ambición mental, aunque el porcentaje de genios está fuera de toda curva estadística. El factor no es religioso, ya que parece que los dioses sólo iluminan los caminos cuando uno enciende las velas. Tampoco parece un factor histórico, aunque la pesada carga de su pesante historia ha conformado un instinto sobrenatural de superación. Xavier Torrens habló del valor del estudio, no en vano los judíos fueron, durante siglos, el único pueblo de nuestra cultura que estaba alfabetizado. Pero también estudian los fundamentalistas del Pakistán, de manera que el factor diferencial no es estudiar, sino lo que se estudia… Personalmente, situé la cuestión en la singular cultura libertaria y antidogmática de un pueblo que incluso discute con su propio Dios, pueblo del libro, vinculado a la palabra y a la reflexión. Fueron ellos quienes, hace miles de años, escribieron un código de leyes que aún marca las pautas actuales de la convivencia. Y fue el rabino Edery quien selló la reflexión. Quizá el factor X es la vida judía, el conjunto de valores que marcan su complejo entramado cultural, en los cuales, la veneración por la vida, la superación individual y el compromiso con la cultura han sido su hecho diferencial durante siglos. Desde luego, no es baladí el esfuerzo económico que Israel dedica a la investigación científica y médica -en un país que se ve obligado a dedicar el 60% de sus recursos a defensa-, pero ello sólo explicaría el fenómeno en las últimas décadas. Aunque quede este dato para contrarrestar algunos odios: 50 años de petróleo y recursos ilimitados, decenas de países y millones de personas, no han dado un solo premio Nobel al mundo. 50 años de Israel, con escasa población y recursos limitados, han dado más de una decena.

Este artículo no pretende responder al enigma, pero me pareció interesante plantearlo, inspirada por esa feliz tarde de verano. Y no tanto para animar a buscar respuestas, como para recordar que cuando hablamos de los judíos, hablamos de cultura, de pensamiento, de ciencia. Ningún pueblo ha aportado tanto siendo tan pequeño. Sin embargo, lo mayoritario no es el agradecimiento. Lo mayoritario es repetir, machaconamente, las maldades del prejuicio y el desprecio.

www.pilarrahola.com

Pillcam

Desarrollo de la «Pillcam» de Given Imaging, la primera solución de cápsula endoscópica para registrar imágenes del tracto digestivo.
La cápsula es del tamaño y forma de una píldora y contiene una pequeña cámara

La Declaración de Independencia de Israel (1948)

ERETZ ISRAEL fue la cuna del pueblo judío. Aquí se forjó su identidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí logró por primera vez su soberanía, creando valores culturales de significado nacional y universal, y legó al mundo el eterno Libro de los Libros.

Luego de haber sido exiliado por la fuerza de su tierra, el pueblo le guardó fidelidad durante toda su Dispersión y jamás cesó de orar y esperar su retorno a ella para la restauración de su libertad política.

Impulsados por este histórico y tradicional vínculo, los judíos procuraron en cada generación reestablecerse en su patria ancestral. En los últimos decenios retornaron en masa. Pioneros, maapilim y defensores hicieron florecer el desierto, revivieron el idioma hebreo, construyeron ciudades y pueblos, y crearon una sociedad pujante, que controlaba su economía y cultura propias, amante de la paz, pero capaz de defenderse a sí misma, portadora de las bendiciones del progreso para todos los habitantes del país, que aspira a la independencia y a la soberanía.

En el año de 5657 (1897), respondiendo al llamado del padre espiritual del estado judío, Teodoro Herzl, se congregó el Primer Congreso Sionista que proclamó el derecho del pueblo judío a la restauración nacional en su propio país.

Este derecho fue reconocido en la Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917 y reafirmado en el mandato de la Liga de las Naciones que, específicamente sancionó internacionalmente la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz Israel y al derecho del pueblo judío de reconstruir su Hogar Nacional.

La catástrofe que recientemente azotó al pueblo judío – la masacre de millones de judíos en Europa – fue otra clara demostración de la urgencia por resolver el problema de su falta de hogar, restableciendo en Eretz Israel el Estado Judío, que habrá de abrir las puertas de la patria de par en par a todo judío y conferirle al pueblo judío el status de miembro privilegiado en la familia de las naciones.

Sobrevivientes del holocausto nazi en Europa, como también judíos de otras partes del mundo, continuaron inmigrando a Eretz Israel superando dificultades, restricciones y peligros, y nunca cesaron de exigir su derecho a una vida de dignidad, de libertad y de trabajo en su patria nacional.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de este país contribuyó con todas sus energías en la lucha de las naciones amantes de la libertad y la paz en contra la iniquidad nazi, y, por la sangre derramada por sus soldados y el esfuerzo bélico desplegado, le valieron el derecho de contarse entre los pueblos que fundaron las Naciones Unidas.

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que disponía el establecimiento de un estado judío en Eretz Israel. La Asamblea General requirió de los habitantes de Eretz Israel que tomaran en sus manos todas las medidas necesarias para la implementación de dicha resolución. Este reconocimiento por parte de las Naciones Unidas sobre el derecho del pueblo judío a establecer su propio estado es irrevocable.

Este derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueño de su propio destino, con todas las otras naciones, en un Estado soberano propio.

POR CONSIGUIENTE NOSOTROS, MIEMBROS DEL CONSEJO DEL PUEBLO, REPRESENTANTES DE LA COMUNIDAD JUDIA DE ERETZ ISRAEL Y DEL MOVIMIENTO SIONISTA, ESTAMOS REUNIDOS AQUI EN EL DIA DE LA TERMINACION DEL MANDATO BRITANICO SOBRE ERETZ ISRAEL Y, EN VIRTUD DE NUESTRO DERECHO NATURAL E HISTORICO Y BASADOS EN LA RESOLUCION DE LA ASAMBLEA GENERAS DE LAS NACIONES UNIDAS, PROCLAMAMOS EL ESTABLECIMIENTO DE UN ESTADO JUDIO EN ERETZ ISRAEL, QUE SERA CONOCIDO COMO EL ESTADO DE ISRAEL.

DECLARAMOS que, desde el momento en que termina el Mandato, esta noche, víspera de Shabat, el 6 de iyar, 5708 (14 de mayo, 1948) y hasta el establecimiento de las autoridades electas y permanentes del estado, de acuerdo con la constitución que habrá de ser adoptada por la Asamblea Constituyente a ser elegida, a más tardar el 1o de octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará en calidad de Consejo Provisional del Estado y su brazo ejecutivo, la Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del estado judío, que se llamará «Israel».

EL ESTADO DE ISRAEL permanecerá abierto a la inmigración judía y el crisol de las diásporas; promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes; estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura; salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones; y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

EL ESTADO DE ISRAEL está dispuesto a cooperar con las agencias y representantes de las Naciones Unidas en la implementación de la resolución de la Asamblea General del 29 de noviembre de 1947, y tomará las medidas necesarias para lograr la unión económica de toda Eretz Israel.

APELAMOS a las Naciones Unidas para que asistan al pueblo judío en la construcción de su Estado y a admitir al Estado de Israel en la familia de las naciones.

EXHORTAMOS – aun en medio de la agresión sangrienta que es lanzada en contra nuestra desde hace meses – a los habitantes árabes del Estado de Israel a mantener la paz y participar en la construcción del Estado sobre la base de plenos derechos civiles y de una representación adecuada en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

EXTENDEMOS nuestra mano a todos los estados vecinos y a sus pueblos en una oferta de paz y buena vecindad, y los exhortamos a establecer vínculos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío soberano asentado en su tierra. El Estado de Israel está dispuesto a realizar su parte en el esfuerzo común por el progreso de todo el Medio Oriente.

HACEMOS un llamado a todo el pueblo judío en la diáspora para que se congregue en torno de los judíos de Eretz Israel y lo secunde en las tareas de inmigración y construcción, y estén juntos en la gran lucha por la materialización del sueño milenario – la redención de Israel.

PONIENDO NUESTRA FE EN EL TODOPODEROSO, COLOCAMOS NUESTRAS FIRMAS A ESTA PROCLAMACION EN ESTA SESION DEL CONSEJO PROVISIONAL DEL ESTADO, SOBRE EL SUELO DE LA PATRIA, EN LA CIUDAD DE TEL AVIV, EN ESTA VISPERA DE SABADO, EL QUINTO DIA DE IYAR DE 5708 (14 DE MAYO DE 1948).

David Ben-Gurion

Daniel Auster
Mordekhai Bentov
Yitzchak Ben Zvi
Eliyahu Berligne
Fritz Bernstein
Rabbi Wolf Gold
Meir Grabovsky
Yitzchak Gruenbaum
Dr. Abraham Granovsky
Eliyahu Dobkin
Meir Wilner-Kovner
Zerach Wahrhaftig
Herzl Vardi
Rachel Cohen
Rabbi Kalman Kahana
Saadia Kobashi
Rabbi Yitzchak Meir Levin
Meir David Loewenstein
Zvi Luria
Golda Myerson
Nachum Nir
Zvi Segal
Rabbi Yehuda Leib Hacohen Fishman
David Zvi Pinkas
Aharon Zisling
Moshe Kolodny
Eliezer Kaplan
Abraham Katznelson
Felix Rosenblueth
David Remez
Berl Repetur
Mordekhai Shattner
Ben Zion Sternberg
Bekhor Shitreet
Moshe Shapira
Moshe Shertok

מגילה-1