Campeona de ajedrez de siete años no puede competir en Túnez porque es Israelí…

Julio 23 de 2018, The Times of Israel

Liel Levitan está invitada en su lugar a jugar una competencia alternativa en Israel.

 La estudiante Liel Levitan de Haifa no puede aceptar una invitación para jugar en el Campeonato Mundial de Ajedrez porque la nación anfitriona, Túnez, no permite a los israelíes competir, fue informado el jueves.

Esta no es la primera vez que a los jugadores de ajedrez israelíes se les ha negado la oportunidad de participar en torneos internacionales debido a su nacionalidad.

Los atletas israelíes a menudo enfrentan dificultades cuando compiten en Medio Oriente o contra países de Medio Oriente, debido a la hostilidad hacia el estado judío.

“Hace sólo unos meses, un Campeonato Mundial de Ajedrez estaba programado para tener lugar en Arabia Saudita”, dijo el jugador de ajedrez Lior Aizenberg al noticiero Hadashot. “Era claro para todos que destacados jugadores de ajedrez israelíes no podrían participar”.

Aizenberg ha fundado en su lugar el Campeonato de Ajedrez Alternativo, el cual tiene lugar en Israel y extiende invitaciones a la competencia a jugadores de toda Europa y el mundo árabe.

Liel también ha sido invitada a competir en el torneo, el cual cuenta con el presidente saliente de la Agencia Judía Natan Sharansky y el grupo estadounidense pro-Israel Stand With Us entre sus simpatizantes.

“Ha llegado el momento de poner fin a la discriminación contra los israelíes en el ajedrez, en los deportes y en todos los campos”, dijo Aizenberg.

La Federación Internacional de Judo despojó el viernes a Emiratos Árabes Unidos y a Túnez de ser los anfitriones de dos torneos internacionales debido a que no garantizan trato igualitario para los atletas israelíes.

La decisión de suspender los torneos llegó después de que los organizadores en el Grand Slam de Abu Dhabi del año pasado se rehusaron a reconocer la nacionalidad de los atletas israelíes -una política dirigida solamente a los participantes israelíes.

Esto incluyó una prohibición de exhibir símbolos de identificación, así como también la negativa a enarbolar la bandera israelí y tocar el himno nacional durante las ceremonias para los cinco medallistas de Israel. Los competidores israelíes en su lugar compitieron bajo la bandera de la Federación Internacional de Judo debido a que Emiratos Árabes Unidos no reconoce a Israel.

Además, dos judokas de Emiratos Árabes Unidos y Marruecos se negaron a estrechar la mano de sus contrincantes israelíes. El principal oficial de judo de Emiratos Árabes Unidos se disculpó luego con su homólogo israelí por el desaire.


Julio 26 de 2018, Diario Iton Gadol

Discurso completo del presidente de la AMIA, Agustín Zbar, a 24 años del atentado

La impunidad de crímenes de lesa humanidad es una pesada carga para la democracia.

La sociedad argentina lo entendió y avanzó desde el Nunca Más y los primeros juicios a las Juntas Militares hasta el día de hoy 40 años después, procesando las consecuencias del terrorismo que asoló en los años ‘70.

El crimen de la AMIA tiene semejanzas con eso: un Estado en este caso extranjero, Irán, que opera de manera encubierta asistiendo a una organización terrorista, Hezbollah, para asesinar con bombas a una población civil indefensa. Su contenido sustancial y su origen son diferentes, sus métodos los mismos y sus efectos constituyen crímenes contra la humanidad.

La impunidad que tenemos es una amenaza para las libertades que defendemos.

Por eso es importante tomar unos minutos para preguntarnos, a 24 años, donde está la causa judicial?

En el plano nacional tenemos el mal llamado “juicio por encubrimiento” o causa AMIA II, y en otro plano la cuestión de la conexión local, la causa madre, la del atentado, o causa AMIA I

En AMIA II está por concluir el juicio oral, originado en la escandalosa sentencia del año 2004 a la conexión local del atentado, que instaló una versión conspirativa según la cual todo fue una construcción falsa, un armado “arquitectónico” inculpando a personas inocentes a sabiendas de su inocencia. Los acusados, Telleldín y ex policías bonaerenses fueron liberados, y hoy se sientan en el lugar de los acusadores, junto a las verdaderas víctimas.

En el 2018 estamos concluyendo ese proceso que viene del 2004 y a pesar de rimbombantes acusaciones, las pruebas de aquella supuesta conspiración no aparecieron y quedó a la luz el verdadero desvío de la verdad objetiva.

Hemos dicho muchas veces y hoy reiteramos: no queremos caza de brujas; si se cometieron delitos, que los responsables sean condenados por el peso de las pruebas y no por presiones o por conveniencias políticas.

Por eso la tarea de los jueces del TOF 2 cuando terminen los alegatos y les toque fallar, es tan trascendental: puede poner fin a todo el artilugio que comenzó hace 14 años, y retomar el camino que verdaderamente importa, el camino de la investigación que conduce a los autores reales del atentado y sus cómplices. La causa AMIA I.

En este sentido por fin se ha fijado fecha de audiencia para el nuevo juicio a Telleldín. Si no hay cambios, el juicio que la Corte Suprema ordenó en el 2009, comenzará en marzo del año que viene. Diez años después!

Estamos convencidos de la responsabilidad de Telleldín como partícipe necesario del atentado. Él fue quien preparó y acondicionó la camioneta Trafic utilizada como coche-bomba. Siempre supo a quién se la entregó, y en estos 24 años en lugar de colaborar con la causa, siguió mintiendo, desviando, e impidiendo que la justicia avance y se sepa la verdad. Las pruebas indican su culpabilidad, y por eso la Corte ordenó un nuevo juicio, el cual, confiamos, habrá de terminar con su condena y en que aporte más información para avanzar contra los demás participes locales.

Es necesario empezar a romper de una vez por todas con ese círculo vicioso de impunidad, que lo único que hace es dilapidar los logros de la investigación, sembrar confusión e instalar la idea de que en la causa AMIA “nunca hubo nada” y de que “estamos a fojas cero”, como se dijo cuando se intentó justificar la firma del pacto con Irán.

Ese círculo de impunidadse retroalimenta por la forma defectuosa en que funciona nuestra justicia. Trámites que duran años, y que en definitiva no sirven para nada. Debemos poner fin a estos procesos laberínticos que insumen lustros o décadas y que no brindan respuestas.

Se espera de los jueces que rompan el círculo de impunidad y desconfianza con la fuerza demoledora de la verdad, esa fuerza que tienen las sentencias judiciales cuando están basadas en evidencias y pruebas.

Perdimos mucho tiempo detrás de hipótesis falsas y terminamos dando lugar a uno de los peores males de estos tiempos: la impunidad republicana.

Vivimos en una democracia ya afianzada, pero uno de los pilares republicanos, la justicia independiente, sigue siendo una deuda con la sociedad, y la causa Amia es el ejemplo más paradigmático y doloroso.

Exigimos a los Fiscales de la UFI-AMIA, encabezados por el Fiscal Salum, que se avoquen al total esclarecimiento del atentado, a seguir trabajando en la responsabilidad de Irán y fundamentalmente a llevar a juicio a todos los responsables de la conexión local. Luego de tres años el producto de su tarea investigativa no avanzó nada, ni un ápice, en el esclarecimiento del hecho.

Quienes estaban en el poder hace 14 años, cuando la teoría conspirativa del armado arquitectónico se echó a rodar, fueron justamente quienes pretendieron cerrar la investigación en el plano internacional con el memorándum firmado con Irán en enero de 2013.

En cada caso hicimos lo que teníamos que hacer conforme a derecho:

1. A partir del 2004, recorriendo todas las instancias llegamos a la Corte Suprema de Justicia de la Nación y 5 años después revertimos la nulidad de la causa principal, caratulada “Telleldín”.

2. En 2014, logramos la inconstitucionalidad del memorándum con Irán y el Estado Nacional, en la actual administración, no apeló quedando esa sentencia firme.

En cuanto a las razones por las cuales el PE en 2013 suscribió un tratado con Irán, ratificado por el Congreso Nacional, consideramos que no le corresponde a las instituciones de la comunidad Judía, más allá de soberanas decisiones particulares de algunas víctimas, liderar las querellas en la investigación sobre las consecuencias penales de decisiones políticas adoptadas por mayorías.

Sería fundamental un acuerdo democrático para Nunca más confiar en una potencia extranjera no democrática que oprime a su propio pueblo, discrimina a las mujeres, castiga brutalmente a las minorías sexuales y se proclama enemiga de las libertades occidentales, teocracia negadora del genocidio nazi y del derecho de Israel a existir.

Es aquí donde residen nuestras esperanzas de avanzar en el plano colectivo por esta causa, que es una causa nacional.

Hay que decirlo con mucha fuerza y claridad: sabemos quiénes tomaron la decisión de poner la bomba y quiénes la ejecutaron.

Sabemos que en agosto de 1993, en la ciudad iraní de Mashad, se reunieron algunas de las máximas autoridades para decidir el atentado a la AMIA.

Sabemos que Teherán usó agentes diplomáticos en Buenos Aires para concretar el atentado con un conductor suicida de nombre Ibrahim Berro, ciudadano libanés perteneciente al Hezbollah. Ciudad del Este y la llamada triple frontera están desde aquellos años en la agenda de seguridad por la circulación de personas vinculadas al tráfico de estupefacientes, el terrorismo islámico y el lavado de dinero.

No podemos tolerar que los acusados Rabbani, Velayati, Ahsgari, Fallahijan, Rezai, Vahidi y Soleimanpour puedan traspasar las fronteras de su país, donde se los cobija y protege, con tanta impunidad.

El Canciller iraní de aquella época, Ali Akbar Velayati, está acusado de ser uno de los autores intelectuales del atentado y jefe de los agentes iraníes que ingresaron a nuestro país. La semana pasada salió en alta misión política de Irán; estuvo en Rusia y en China. Nuestro país lo reclamó y a pesar del pedido de captura internacional que pesa en su contra no lo detuvieron. No es la primera vez: ocurrió en el pasado con Soleimanpur en Londres y Vahidi en Bolivia.

Tenemos que hacer más para atrapar y traer a los acusados a que sean juzgados aquí, en suelo argentino y por la ley argentina vigente. Debemos aunar esfuerzos y energías que vayan más allá de los partidismos y banderas, para lograr atraparlos. Al gobierno nacional le requerimos acciones concretas que demuestren su verdadero interés por lograr las capturas de los acusados. Acciones concretas que demuestren, de una vez y en forma definitiva, que la causa AMIA es de verdad una “causa de Estado”, en la que deben involucrarse activamente los tres poderes. Es evidente que no alcanza con que el juez libre un exhorto pidiendo la detención del ex canciller iraní. Es necesario el involucramiento de todo el gobierno. Todos tenemos que hacer más.

La Argentina debe hacer más para lograr la solidaridad de la comunidad internacional, pues no es la única nación democrática que ha sufrido el terrorismo. La lista de ataques terroristas contra el mundo occidental y libre es tristemente conocida y extensa. Estados Unidos, España, Inglaterra, Francia, Bulgaria, Alemania, Noruega e Israel son sólo algunos ejemplos. Las naciones de bien se unen en la lucha contra este flagelo, y la Argentina debe requerir el apoyo incondicional de todos para lograr que el reclamo de justicia no sea solamente una quimera y se transforme en realidad. Por eso es tan importante la presencia hoy aquí del Sec. Gral de la OEA, Luis Almagro, gracias.

Seguimos atentamente las vicisitudes de la investigación por la muerte violenta de Natalio Alberto Nisman, indudablemente ligada a su tarea como titular de la Unidad Fiscal AMIA en la que entrego su vida. La insoportable demora y la confusión que rodea el esclarecimiento de su muerte son una consecuencia directa de la impunidad de los criminales extranjeros de la AMIA a quienes valientemente enfrentó, y la impunidad de los criminales de la AMIA tiene relación directa con el crimen sobre la Embajada de Israel, volada con un modus operandi idéntico hace 26 años. No solamente la Argentina sino también la comunidad internacional esperan una respuesta.

En este día aciago y triste, igual de gris y frío que en los últimos 24 años, corresponde honrar la memoria y rendir homenaje a quienes murieron por nosotros. No fueron elegidos por su nombre, ni por su condición social, nacionalidad o religión. Los mataron solamente por estar allí para mandarnos un mensaje a todos nosotros.

El mensaje era que nos rindiéramos ante sus fanáticas ideas políticas o religiosas, el mensaje era que una comunidad que en el ‘94 cumplía 100 años de progreso y bienestar en esta bendita Nación Argentina quedara aislada y no siguiera contribuyendo a la libertad, la igualdad y el bienestar general.

Por eso nuestro mandato también es, siempre, celebrar el milagro de la vida, trabajar más y mejorar, mirar al futuro, a los que llegan, sembrar aún desde el dolor y acercarnos a los sobrevivientes. Ellos nos dan testimonio y ejemplo de vida, enseñan caminos para salir y seguir hacia adelante. Sus esfuerzos nos enseñan que la vida misma es un milagro, y que la noche es oscura pero existe el día y cada mañana sale el sol.

Por los sobrevivientes y los familiares, por la esperanza de vivir en paz, seguiremos honrando a los muertos y reclamando por Justicia para ellos, sin temor y con firmeza, y sin dejar nunca de promover la regla en la que se resume toda nuestra moral: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

NUNCA PARAREMOS HASTA QUE LA VERDAD SE CONVIERTA EN JUSTICIA Y ENTONCES PODAMOS ENCONTRARNOS EN PAZ,

Gracias a todos por estar hoy aquí sosteniendo la causa
SHALOM

General iraní: “Hay sequía porque Israel nos roba las nubes”

Irán se enfrenta por estos días a una grave sequía y el general Gholam Reza Jalali asegura que ésta se debe a una conspiración israelí. El militar acusó a Israel de “robar nubes”, y asegura que Israel impide que las nubes que llegan a Irán produzcan lluvia.

“Los cambios climáticos que sufre Irán despiertan sospechas”, dijo el general Gholam Reza Jalali, titular de la Organización de Defensa Civil de la República Islámica.

Jalali expuso su acusación en una conferencia de prensa en la que aseguró que “se sospecha que la intervención externa tiene que ver con el cambio climático que estamos sufriendo”. Jalali insistió en varias ocasiones durante su intervención en que sus dichos se basan en estudios científicos llevados a cabo en Irán.

“Israel y otro país de la región tienen grupos de trabajo conjuntos que actúan para controlar que las nubes que entran en el cielo de Irán no puedan producir lluvia. Al mismo tiempo, también nos enfrentamos al fenómeno del robo de nubes y nieve”.

Jalali explicó que, según el estudio científico en el que se basa, ha nevado a una altura de 2.200 metros en toda la zona montañosa ubicada entre Afganistán y el Mediterráneo, menos en Irán.

El jefe del Servicio Meteorológico de Irán, Ahad Vazife, mostró escepticismo frente a estas declaraciones y dijo que el general Jalali “probablemente tenga documentos de los que no tengo conocimiento, pero sobre la base del conocimiento meteorológico, no es posible que un país robe nieve o nubes’.


Iton Gadol

The Iran Nuclear Deal – El Acuerdo Nuclear con Iran

Published on Aug 3, 2015
Denis Prager, Prager University

Is the nuclear agreement between the United States and Iran a good or bad deal? Would it be harder or easier for Iran to develop nuclear weapons? Would it make Iran and its terror proxies stronger or weaker? Should the U.S. Congress support or defeat the deal? Dennis Prager answers these questions and more.

¡Perdón Israel!

Si la ferocidad judeófoba se hiciera realidad y pudiese barrer al Estado de Israel de la faz de la tierra, es probable que se escriban artículos como el que sigue. Por razones de espacio, sólo llega hasta los Acuerdos de Oslo.

Empezaría así:

¡Qué lástima! ¡Qué tragedia! ¡Qué error!

Desapareció Israel y se produjo un agujero negro que no se sabe cómo rellenar. No aprendimos de Europa: asesinó a 6 millones de judíos con profundo arraigo e importó muchos más millones de musulmanes que, en gran parte, son agresivos y se resisten a integrarse.

¡Perdón, Israel!
No advertimos que durante dos mil años de exilio anhelaste resucitar. Y lo empezaste a hacer con renovada fuerza hacia fines del siglo XIX con el idealismo sionista. Un idealismo joven, ilustrado, sufriente y constructivo. Oleadas entusiastas se alejaron de los pogromos o abandonaron comodidades para arar en el desierto, secar pantanos y forestar entre las piedras. Nada quitaron a los pocos vecinos árabes que vivían en la antigua Judea y Samaria, abandonadas y despreciadas por el arcaico imperio otomano. Al revés, el progreso que produjeron atrajo a muchos egipcios y sirios. Es decir, no sólo hubo inmigración judía, también la hubo árabe, que siguió a la judía.

¡Perdón, Israel!
Porque no reconocimos que mucho antes de tu independencia luchaste por ella al combatir contra el imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, confiando en que los ingleses –más ilustrados y modernos– ayudarían a tu completa resurrección, como prometieron en su Declaración Balfour. Pero los ingleses pronto traicionaron su palabra. Toleraron pogromos en Tierra Santa y aceptaron que el muftí de Jersualén importara el nazismo y el antisemitismo que pactó con Hitler y Ante Pavelic. Además, Gran Bretaña bloqueó la inmigración judía con impiadosos libros blancos y saboteó la autodefensa judía al quitar armas a sus guardianes. Fue perverso. Pero pese a esas dificultades los sionistas continuaron desarrollando el país con rutas, escuelas, nuevas poblaciones, bosques, arte, cultivos, hospitales, centros de educación superior e instituciones democráticas.

¡Perdón, Israel!
Porque ayudaste con mucho sacrificio a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Pero los Aliados ni siquiera bombardearon los campos de exterminio ni las vías que conducían a ellos. Y después de la guerra ni siquiera apuraron tu independencia. Al contrario, hubo que sudar en las Naciones Unidas para conseguir algo. En esa instancia, la ilusión soviética de que Israel podría ser un Estado comunista produjo la histórica Declaración Gromyko. Entonces se llegó al 29 de noviembre de 1947, en que una mayoría de los países miembros votaron la partición de Palestina en dos Estados: uno árabe y otro judío. Al Estado judío se le otorgaba la parte más desértica del país y se fijaron sus fronteras lejos de Jerusalén. Pese a ello, los judíos aceptaron y celebraron la resolución. No la aceptaron los árabes. Además, prometieron “arrojar los judíos al mar” y dejar empequeñecidas las matanzas de Gengis Jan. Quienes dudan o niegan esto que relean la prensa de entonces.

¡Perdón, Israel!
Porque en aquellos meses decisivos el mundo se negó a ayudarte. Ningún país accedió a venderte armas debido a que estaban seguros de tu derrota y, como cadáver, no las podrías pagar. La comunidad judía de Tierra Santa tuvo que defenderse con uñas y dientes, sola, frente a seis feroces ejércitos enemigos.
¡Perdón, Israel! Porque no escuchamos tu Declaración de Independencia, que ofrecía paz a los árabes; y esto no fue machacado en contra de la agresión que sufrías. ¡Los ejércitos invasores no fueron condenados! A la inversa, hasta había oficiales ingleses y nazis en sus filas.

«Durante casi dos décadas no se habló de un Estado árabe palestino, sino solamente de destruir a Israel. Para colmo, mientras en Israel su pacífica población árabe se integraba y mejoraba el nivel de vida, en los campos de refugiados palestinos se padecía hambruna, enfermedad y un cultivo incendiario del odio. Fortunas se gastan en esos campos, pero no para resolver su dolor, sino para mantenerlo«

¡Perdón, Israel!
Porque en la desesperada defensa que debías realizar bajo condiciones tan adversas se produjeron refugiados árabes. Y no se realizaron esfuerzos para reubicarlos, compensarlos e integrarlos, como se hizo con las decenas de millones de refugiados alemanes, griegos, indios, pakistaníes y de otros países que habían sufrido guerras. Por el contrario, se decidió mantenerlos encerrados en miserables campos de concentración para utilizarlos como un futuro instrumento de guerra contra Israel. Hasta se les prohibió comprar propiedades en sus nuevos países de residencia. Perdón, Israel, porque no fue denunciada con fuerza esta cínica discriminación que practican los mismos Estados árabes contra los árabes provenientes de Palestina. Son los únicos refugiados a los que se niega integrarse en los lugares donde residen; para que algún día te ahoguen, Israel.

¡Perdón, Israel!
Porque no hubo protestas contra la expulsión de enteras comunidades judías que perpetraron los países árabes. Ochocientas mil personas debieron dejar sus hogares con lo que tenían puesto. Era en venganza por haber sufrido una derrota humillante. Y, de paso, convertir en realidad el anhelo nazi de territorios Judenrein. Había caído el nazismo, pero no su máxima ambición.

¡Perdón, Israel!
Porque en aquellos años muy difíciles Occidente mantuvo el embargo de armas sólo contra ti, debido a que ese embargo no funcionaba con los árabes. El único país que entonces se atrevió a contradecirlo fue Checoslovaquia. Tu defensa era frágil, Israel, y estabas pasando por graves problemas internos. ¡Hay que recordar! Recibías largas columnas de sobrevivientes del Holocausto, que llegaban enloquecidos y trastornados, y que antes Gran Bretaña no les permitió desembarcar. Recibías a los centenares de miles de refugiados judíos que llegaban de los países árabes. No tenías suficiente comida y tuviste que imponer el racionamiento. Simultáneamente, debías seguir vigilando tus fronteras, que no era tales, sino precarias líneas de cese del fuego.

¡Perdón, Israel!
Porque el mundo no exigió que las porciones de Palestina que quedaron en manos de Jordania y Egipto se convirtiesen en un Estado árabe palestino. No. Judea, Samaria y Jerusalén Oriental fueron anexadas por Transjordania, que cambió su nombre debido a esta transgresión, pasándose a llamar Jordania (ambas márgenes del río Jordán). Y Egipto se quedó con Gaza. Ni una sola protesta contra este robo a los habitantes árabes de Palestina por parte de sus mismos hermanos. Ni una.
Durante casi dos décadas no se habló de un Estado árabe palestino, sino solamente de destruir a Israel. Para colmo, mientras en Israel su pacífica población árabe se integraba y mejoraba el nivel de vida, en los campos de refugiados palestinos se padecía hambruna, enfermedad y un cultivo incendiario del odio. Fortunas se gastan en esos campos, pero no para resolver su dolor, sino para mantenerlo. ¡Perdón, Israel! Porque el mundo no insiste en este punto.

¡Perdón, Israel!
Porque desde que se firmó el armisticio (1949) hasta la Guerra de Suez (1956), Egipto entrenaba fedayines que partían desde Gaza con el propósito de cometer la mayor cantidad posible de asesinatos contra civiles. No hubo protestas ni condenas por esa criminal agresión. Ninguna.
En 1956 estalló el conflicto por el Canal de Suez. Israel necesitaba poner fin a la incesante incursión de fedayines. Quería hacer saber al presidente Naser que sus delitos no serían tolerados. En poco tiempo conquistó Gaza y la entera Península del Sinaí. Pero un acuerdo de Estados Unidos y la Unión Soviética exigió el inmediato retiro de Israel, sin que obtuviera ningún compromiso sobre el cese de las incursiones de fedayines. Sólo consiguió que un contingente de la ONU patrullase su frontera.
Los atentados contra Israel prosiguieron, como era de prever. No sólo desde Egipto, también desde Siria y Jordania. En 1967 Naser decidió borrar a Israel de una santa vez. Se armó y desafió sin disimulo. Bloqueó el Golfo de Akaba. Llenó de tropas el Sinaí. Manifestó que se lanzaría a una guerra despiadada desde el sur, mientras Siria bombardearía desde el norte. Exigió que las tropas de la ONU se fueran, para tener abierta su llegada al corazón de Israel.

¡Perdón, Israel!
El mundo no se manifestó contra este inminente genocidio. Un genocidio de verdad. La ONU, en vez de aumentar su dotación de fuerzas para impedir la matanza, obedeció a Naser. Entonces Israel, ante un riesgo mortal, tomó la iniciativa poco antes que sus enemigos. Fue la Guerra de los Seis Días, en que derrotó a Egipto, Siria y Jordania.
Pero de nuevo el mundo no fue justo con Israel. Resonaba en todos los medios internaciones la exigencia de que Israel se retirase de los territorios conquistados. Era el triunfador y debía comportarse como el vencido. Era la primera vez en la historia del mundo que se realizaba semejante inversión de roles. Los diplomáticos no accedieron a respaldar la legítima exigencia de Israel para que terminase la hostilidad árabe. No machacó sobre el deber árabe de reconocer a Israel y permitir que esa región empezara a vivir en paz. Una paz duradera. No. Predominó la tesis de que Israel debía retirarse sin exigir nada. Como si hubiera sido quien había deseado esa desproporcionada guerra. Los dirigentes de los países árabes se reunieron en Jartum (Sudán) y firmaron los célebres y nefastos Tres Noes: no al reconocimiento de Israel, no a la paz con Israel y no a las negociaciones con Israel. Semejante ofensa y agresividad no fue replicada por el mundo como merecía. Y las consecuencias se hicieron sentir. Porque siguió el clima de guerra, la inseguridad y el cultivo del odio.

¡Perdón. Israel!
Mientras, en los territorios que antes habían pertenecido a Egipto, Siria y Jordania, los árabes recibieron buen trato por parte de las autoridades israelíes. Sus municipios continuaron siendo gobernados por árabes, lo mismo que sus mezquitas, escuelas, centros de salud, organizaciones sociales y demás instituciones. Empezaron a mejorar su nivel económico por la afluencia de turistas y el intercambio comercial con el resto de Israel. Sus espacios eran recorridos sin problemas. No había muros de separación ni checkpoints. Muchos jóvenes que habían sido jordanos empezaron a estudiar en establecimientos israelíes.
Hasta que el clima de mutuo acercamiento fue roto por los atentados de varios grupos terroristas, en especial la OLP. Baste de ejemplo el asesinato de atletas israelíes en las Olimpíadas de Munich.
***
En octubre de 1973 Egipto sorprendió a Israel durante el recogimiento de Iom Kipur. Su inesperado ataque le dio una gran ventaja. Siria atacó por el norte. La conflagración fue más sangrienta que nunca. Israel podía ser derrotado y, en consecuencia, desaparecer. Es el único país del mundo que no puede permitirse una sola derrota, porque implicaría su extinción. ¡Perdón, Israel! Porque el mundo se limitó a contemplar. Tras duras batallas, Israel logró expulsar al invasor. Entonces comenzaron las negociaciones, que exigían –otra vez– retiradas israelíes sin compromisos de la otra parte. Los sacrificios y esfuerzos sólo debía hacerlos Israel. Nada importante se pedía a los Estados árabes. Basta con leer la prensa de ese tiempo. ¡Cuánta discriminación!
Unos cinco años después el presidente Anuar el Sadat de Egipto se ofreció a visitar Israel como gesto de buena voluntad. Israel lo aceptó enseguida, con enorme júbilo. Sadat se asombró por la vibrante bienvenida que le dio la población, que hizo flamear banderitas de Egipto e Israel en el camino que llevaba del aeropuerto hasta Jerusalén. Como registra la historia, este gesto fue recompensado por Israel con enormes concesiones: devolvió pozos petroleros, carreteras y aeropuertos en el Sinaí, cedió los hermosos centros turísticos que había construido en Sharm el Sheik y Taba. Incluso ofreció entregarle la Franja de Gaza, pero Egipto prefirió no hacerse cargo de los palestinos que allí vivían. Fue otra prueba del inconfesado malestar que le producen.
Las organizaciones guerrilleras palestinas, con apoyo soviético y cubano, ignoraron el camino de la paz y aumentaron sus ataques contra objetivos civiles. La OLP se hizo fuerte en Jordania e intentó apoderarse de su Gobierno.

Entonces el rey Husein no tuvo piedad y lanzó sus tropas contra ella. Siria no le permitió refugiarse en su territorio. Los palestinos, cercados, sufrieron la muerte de unas veinte mil personas. Los jefes de la OLP consiguieron llegar al Líbano y, desde allí, organizaron nuevas incursiones asesinas contra Israel. ¡Perdón, Israel! El mundo no condenó con fuerza semejante conducta. La paz con Egipto había demostrado la voluntad conciliadora de Israel y ya no se justificaba seguir con estas agresiones. Pero los atentados no cesaban. Entonces Israel se vio obligado a ingresar en el Líbano para terminar con la plaga. Por desgracia, los conflictos étnicos, religiosos y políticos que existían en ese país agravaron esa trágica conflagración. Finalmente, la cúpula de la OLP decidió emigrar a Túnez.

Pero la acción corrosiva de las organizaciones guerrilleras envenenaron la atmósfera en los llamados territorios ocupados (que Israel tuvo la prudencia de no incorporar a su soberanía, como había hecho Jordania en 1949). El resultado fue un levantamiento llamado Intifada que sorprendió tanto a israelíes como a árabes.

Mientras, el mapa del Medio Oriente sufría graves sacudones: en Irán se impuso el régimen de los ayatolás y pronto estalló una espantosa guerra entre ese país e Irak. En el sur del Líbano se afirmó la organización chiita Hezbolá. Después Irak se apoderó de Kuwait y estalló la primera Guerra del Golfo. El líder de la OLP se embanderó con el presidente de Irak, que terminó derrotado.
Fue el momento en que Israel consideró posible llegar a un acuerdo con la desprestigiada OLP. El debilitado Arafat aceptó participar en las conferencias de Oslo y se dieron grandes pasos hacia un arreglo amistoso. A partir de ese momento, y gracias a la aparente buena disposición de los árabes, Israel permitió que los árabes de Palestina consiguieran lo que jamás tuvieron en toda su historia: un Gobierno autónomo. Nunca, pero nunca, los árabes de Palestina pudieron obtener semejante institución. Entendemos que no les alcanza, que quieren más, que prefieren un Estado independiente. Muy atendible. Pero ese Estado será viable en la medida en que esté comprometido con la paz y el desarrollo. No para imitar a Hamás y construir túneles que permitan asaltos al corazón de Israel o acumular perversamente misiles y explosivos en escuelas, hospitales y mercados para que no se los pueda combatir sin generar víctimas civiles.

¡Perdón, Israel!
Por no exigir a la Autoridad Palestina –que existe gracias a ti– una conducta orientada hacia una paz confiable y duradera. Por no exigirle que estimule sentimientos de confraternidad con los judíos. Por no acusarla de permitir –y estimular– prédicas llenas de odio.


Publicación Original: El Medio

Marcos Aguinis

Marcos Aguinis

Escritor. Columnista de La Nación (Argentina). Caballero de las Letras y las Artes (Francia) y doctor honoris causa por las universidades de Tel Aviv (Israel) y San Luis (Argentina).